Entrevista a Francisco Javier Garayoa y Carlos Trías

¿Por qué hay que hablar de sostenibilidad?

F.J.G.: La sostenibilidad es un mantra que se repite de una forma muy insistente -en toda la actividad humana- en los últimos tiempos. Y la pregunta sobre qué es la sostenibilidad es totalmente pertinente. La sostenibilidad es mirar más allá de aspectos puramente cuantitativos. Es buscar algo que respete el medioambiente, que reserve para las generaciones futuras el entorno que ahora tenemos, que atienda los aspectos sociales… Es ir más allá en todo lo que es el comportamiento humano. Y evidentemente todo esto tiene reflejo en las distintas áreas de estudio. En este caso, en la economía, tiene un impacto fundamental porque afecta a aspectos clave como es la inversión, la creación de riqueza, la creación de empleo, los hábitos de consumo… Los productos financieros no dejan de ser productos de consumo  y todo esto supone un cambio muy importante a nivel general, y con implicaciones, con compromisos que afectan a las distintas partes de la sociedad.

C.T.: Las sostenibilidad hoy por hoy es imprescindible. Ya no es una opción, es una necesidad. Si observamos el medioambiente, el planeta ha mostrado, -con mucha crudeza- cuáles son sus límites ¿Cómo se puede llegar simultáneamente a +50 grados en Australia y a -50 grados en Chicago? Y esas tensiones se van a acrecentar en el futuro si no intervenimos.

Las brechas de desigualdad en el ámbito social se acrecientan  Si bien hay menos distancia entre países, hay mayor distancia entre las capas de población que habitan en cada país. Cada vez nos encontramos ante unas élites con mayor poder adquisitivo pero también con un núcleo de población que ha tomado la denominación de “despojados”, que están excluidos del bienestar.

Y finalmente el vector de gobernanza que implica que haya una gestión adecuada tanto de las Corporaciones de las empresas como de las instituciones que representan a la ciudadanía. Por lo tanto no es opcional, es obligatoria, si queremos que haya futuro para la humanidad.

¿Y cómo nos afecta la sostenibilidad a la sociedad en general y también como particular?

F.J.G.: En todos los sentidos. Cuando alguien habla de sostenibilidad ahora y antes no, es porque se creía que el modelo económico y social que tenemos tenía futuro. Pero se ha llegado a un estado en que no es así. El impacto medioambiental -el impacto al planeta- tanto de la actividad económica como del resto de la actividad que deriva de ella,  hace sonar las alarmas. Hay que tomar medidas para que el futuro exista. Por eso ocurre el cambio de paradigma. El reflejo de ese cambio de paradigma aterriza en temas muy materiales: en compromisos internacionales, relaciones con el medioambiente, en compromisos de Derechos Humanos (los Objetivos de Desarrollo Sostenible) y todo esto requiere una concreción. La concreción consiste en generar flujos económicos para que realmente se proceda a transformar una realidad que claramente no planteaba un futuro para las próximas generaciones. Y todo esto es algo que no se preveía o si se preveía, al menos, no llegaba al ciudadano. Pero ahora, a todos los niveles, claramente es una lucha “por”. Hay que cambiar el modelo, la inactividad no sirve, hay que ser activo en ese terreno, poner en marcha medidas porque si no, estamos comprometiendo el futuro. Y es un tema muy relevante. Y es quizás el cambio clave de estos últimos 50 años.

C.T.: Siguiendo el razonamiento de Javier con el que estoy plenamente de acuerdo, creo que la comunidad científica, en su conjunto,  reconoce que el planteamiento debe ser holístico. A la hora de determinar los riesgos hay que incorporar los riesgos de sostenibilidad, es decir, los afectados por factores sociales, ambientales y de gobernanza. Y eso va de la mano de determinar los impactos de nuestras actuaciones y eso, hoy por hoy, cuenta con metodologías de medición muy desarrolladas, donde se está evidenciando que cualquier retorno financiero viene plenamente condicionado por lo que suceda en materia de sostenibilidad y que es algo que compromete a toda la sociedad, esté situado donde esté situado. Al consumidor cuando ejerce su opción de compra, al productor cuando diseña, cuando distribuye y finalmente cuando se tiene que hacer cargo de la reutilización o del reciclaje de los productos. Por lo tanto, estamos  hablando de un ecosistema que nos tiene que involucrar a todos si queremos que haya una estabilidad y posibilidades de futuro. Porque insisto, estamos en un momento extremo.

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