Madrid, 23 de junio de 2026. El Colegio de Economistas de Madrid celebra la mesa redonda “Acoso laboral: ¿funcionan realmente los protocolos? Del Convenio 190 de la OIT a la protección efectiva de las víctimas”, organizada por la Comisión de Enseñanza de la Economía.
La sesión reunió a expertas de distintos ámbitos profesionales para analizar una cuestión especialmente relevante para empresas, administraciones públicas, organizaciones profesionales y personas trabajadoras: cómo garantizar que los protocolos frente al acoso laboral cumplan realmente su finalidad protectora.
La mesa fue moderada por Clara Isabel García-Suelto, presidenta de la Comisión de Enseñanza de la Economía del Colegio de Economistas de Madrid, quien abrió el encuentro recordando que el acoso laboral afecta directamente a la dignidad de las personas. En su intervención, destacó que no se trata de un problema aislado ni de un conflicto ordinario, sino de conductas de hostigamiento que pueden producir graves consecuencias psicológicas, profesionales y personales.
Clara Isabel García-Suelto planteó que un protocolo eficaz debe responder a cinco exigencias básicas: poder activarse sin denuncia formal, adoptar medidas cautelares rápidas, garantizar una investigación independiente, ofrecer acompañamiento durante todo el proceso y mantener un seguimiento posterior suficiente. Solo así, afirmó, puede evitarse que el procedimiento se limite a archivar el daño sin reparar la situación.
Eva Fernández Urbón, secretaria nacional de Igualdad y Responsabilidad Social del sindicato CSIF, centró su intervención en la aplicación del Convenio 190 de la OIT y en los retos pendientes en las administraciones públicas. Destacó que este convenio ha introducido un cambio esencial: el acoso debe prevenirse, detectarse y abordarse desde una lógica de protección efectiva. Sin embargo, muchas víctimas siguen sin denunciar porque no conocen los protocolos o porque temen represalias.
En este sentido, Eva Fernández Urbón propuso reforzar la formación, integrar los protocolos en los procesos de bienvenida, asegurar medidas cautelares inmediatas y establecer canales seguros de comunicación después del cierre de los expedientes. También defendió la importancia de la participación sindical en la negociación, aplicación y evaluación de los protocolos.
La intervención de Marian Mur Nuño, técnica superior en Prevención de Riesgos Laborales del Instituto Nacional de la Seguridad Social, puso el foco en la prevención de riesgos psicosociales y en la figura de la asesoría confidencial. Subrayó que los protocolos deben ser conocidos, estar actualizados y contar con personas formadas para acompañar a las víctimas y activar las medidas necesarias desde el primer momento.
Desde la perspectiva de la empresa y la cultura organizacional, Marta Guajardo-Fajardo, CEO de Alma y Talento, recordó que el protocolo debe ser mucho más que un requisito documental. Para ser eficaz, debe formar parte de la cultura de la organización, estar alineado con el liderazgo, la comunicación interna y la tolerancia cero frente a cualquier forma de acoso. También insistió en que las medidas cautelares son imprescindibles para proteger a la persona afectada durante el procedimiento.
Por su parte, Estela Martín Estebaranz, presidenta de la Sección de Igualdad del Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid, abordó los desafíos jurídicos, el compliance laboral y la necesidad de adaptar los protocolos a las nuevas formas de trabajo y comunicación. Señaló que el acoso puede producirse también a través de canales digitales y que los protocolos deben contemplar estas realidades. Asimismo, defendió la necesidad de formación especializada para quienes intervienen en la instrucción y resolución de estos procedimientos.
La mesa redonda permitió constatar que la protección frente al acoso laboral exige una respuesta multidisciplinar. La prevención de riesgos laborales, la igualdad, el derecho, la representación sindical, la dirección de personas y la cultura organizacional deben actuar de manera coordinada.
Entre las conclusiones principales, se destacó que un protocolo eficaz debe ser accesible, conocido, activable, garantista y evaluable. También debe incorporar medidas de protección desde el inicio, evitar la revictimización y asegurar un seguimiento posterior que impida represalias o nuevas situaciones de vulnerabilidad.
La sesión concluyó con una idea especialmente relevante: los protocolos funcionan cuando están vivos. Es decir, cuando se revisan, se comunican, se aplican con independencia, cuentan con personas formadas y colocan en el centro la protección real de la víctima.

