La autonomía estratégica se ha convertido en uno de los grandes debates de nuestro tiempo. No es solo una cuestión de defensa, ni únicamente un asunto geopolítico. Hablar de autonomía estratégica es hablar de economía, industria, tecnología, energía, empleo, innovación y capacidad de respuesta ante un mundo cada vez más incierto.
Con este enfoque, el Colegio de Economistas de Madrid celebró el 25 de junio la jornada “Autonomía estratégica. Relación entre economía e industria de defensa”, organizada por el Foro de Economía e Industria de Defensa. La sesión reunió a voces procedentes de distintos ámbitos para analizar cómo se relacionan la seguridad, el tejido empresarial y la competitividad europea.
Participaron el vicealmirante Benigno González-Aller Gross, Asesor de Nuevas Tecnologías en la Armada; María Gracia Moreno Vegas, Asesora en International Organisations Strategic Value & Advisory en NTT DATA; Antonio Legaz, del Área de ciberdefensa y estrategia en INDRA; y Alberto Rico, profesor en el Departamento de Seguridad y Defensa de la Universidad Nebrija. La conversación fue moderada por María Carreño Rodríguez-Villamil, miembro de la Comisión de Jóvenes Economistas del Colegio de Economistas de Madrid.
Desde el inicio, la jornada planteó una idea central: la defensa ya no puede analizarse como un ámbito aislado. El contexto internacional ha cambiado con rapidez y Europa se enfrenta a un entorno en el que la seguridad, la tecnología y la economía están profundamente conectadas. La guerra en Ucrania, la pandemia, las tensiones entre grandes potencias y la creciente dependencia tecnológica han puesto sobre la mesa una pregunta clave: ¿qué capacidades necesita Europa para decidir y actuar con mayor autonomía?
Antonio Legaz defendió que la autonomía estratégica debe entenderse como una gestión inteligente de las interdependencias. En su análisis, Europa necesita reforzar sus capacidades industriales y tecnológicas sin renunciar a la cooperación internacional, pero evitando dependencias excesivas en sectores críticos. También destacó la importancia de superar la fragmentación industrial europea y aprovechar mejor las economías de escala para desarrollar capacidades compartidas.
El vicealmirante Benigno González-Aller Gross aportó una visión muy práctica sobre el proceso de planeamiento de la defensa. Explicó que las Fuerzas Armadas identifican sus necesidades en función del escenario geopolítico, las misiones asignadas y los recursos disponibles. A partir de ahí, la industria debe ser capaz de ofrecer soluciones que respondan a esos retos. Su intervención puso el foco en una cuestión fundamental: si aumenta la inversión en defensa, esa inversión debe traducirse en capacidades reales para la industria nacional y europea. Para ello, es necesario contar con un tejido industrial preparado, tecnológicamente avanzado y capaz de sostener proyectos a medio y largo plazo.
María Gracia Moreno Vegas subrayó la importancia de las tecnologías de doble uso y de una visión amplia de la seguridad. La ciberseguridad, la protección de los datos, la resiliencia de los servicios públicos, la seguridad sanitaria o la gestión de crisis son ejemplos de cómo las capacidades desarrolladas en el ámbito de la defensa pueden tener un impacto directo en la vida cotidiana. Desde esta perspectiva, la inversión en defensa también puede contribuir a fortalecer la seguridad global de la sociedad.

Alberto Rico puso en valor el papel de la industria de defensa desde una perspectiva histórica, académica y territorial. Recordó que muchas innovaciones surgidas en contextos militares han tenido después aplicaciones civiles de gran impacto. También destacó que la industria de defensa genera empleo, conocimiento y desarrollo en territorios concretos, y que su fortalecimiento debe ir acompañado de una mayor cultura de defensa en la sociedad.
A lo largo del debate, los participantes coincidieron en la relevancia de la colaboración público-privada. La autonomía estratégica no puede construirse solo desde las administraciones ni únicamente desde las empresas. Requiere una cooperación constante entre Fuerzas Armadas, industria, universidades, centros de investigación y profesionales especializados. Esta cooperación permite identificar necesidades, desarrollar soluciones, formar talento y generar innovación con impacto económico y social.
Otro de los temas destacados fue la formación. La jornada puso de manifiesto la necesidad de perfiles híbridos, capaces de moverse entre la economía, la tecnología, la seguridad, el derecho, la industria y la defensa. En un mundo en el que los retos son cada vez más complejos, la especialización sigue siendo necesaria, pero también lo es la capacidad de conectar disciplinas.
El encuentro sirvió para recordar que la seguridad es una condición previa para el desarrollo económico. Sin estabilidad, sin protección de infraestructuras críticas, sin confianza en los sistemas digitales y sin capacidad de respuesta ante crisis, la actividad económica pierde certidumbre. Por eso, invertir en defensa no solo tiene una lectura militar: también tiene una dimensión económica, industrial y social.
Jornadas como esta permiten abrir conversación, conectar disciplinas y acercar al conjunto de profesionales una realidad que ya forma parte de la agenda económica: la defensa, la industria y la autonomía estratégica son piezas fundamentales para entender el futuro de Europa.
Puedes acceder al vídeo íntegro de la jornada en este enlace.

