Antonio García Rebollar
Técnico Comercial y Economista del Estado


RESUMEN
España puede aprovechar el contexto actual de la guerra comercial para aumentar sus exportaciones. Las desviaciones de comercio originadas en la imposición de aranceles abre nuevas posibilidades en los sectores con mayor ventaja competitiva en nuevos mercados, especialmente en China desplazando productos estadounidenses. No es fácil porque existe una alta competencia y el impacto del nuevo proteccionismo va a ser muy negativo en el entorno económico, generando una contracción del comercio mundial con una menor demanda global de importaciones.


En un país abierto al comercio exterior como España (67% del PIB la suma de exportaciones e importaciones y un 33% para las exportaciones) y con un alto grado de integración en las cadenas globales de valor, una contracción del comercio y de la demanda mundial de importaciones nos afectará en mayor medida que a otros países con un mayor peso de su mercado interior.

Pero pueden abrirse nuevas oportunidades en nuevos sectores y mercados cuando tenemos en cuenta que por el momento la guerra comercial parece concentrar su mayor intensidad en el comercio entre EE.UU. y China y que pueden producirse desviaciones de comercio que beneficien a nuestros productos.

La batalla de los automóviles entre EE.UU. y la Unión Europea tendría escasa repercusión si tenemos en cuenta que exportamos muy poco a EE.UU. Incluso podría ser positivo si las compras de los consumidores estadounidenses se redirigieran hacia vehículos europeos de menor tamaño como consecuencia del mayor precio y se mantuviera la demanda de coches europeos. Pero no hay que olvidar que las represalias de la Unión Europea pueden afectar al coste de las importaciones de componentes utilizados en la fabricación española que encarecerían nuestras exportaciones de vehículos terminados y que las medidas arancelarias de EE.UU. pretenden incluir también las importaciones de componentes procedentes de la Unión Europea. Los efectos son complejos en este sector en la medida en que cuenta con un alto grado de comercio intraindustrial con multinacionales que reparten su producción en fábricas en varios países que arrastran también a la industria de componentes.

En EE.UU. los aranceles a productos chinos se han dirigido hasta ahora hacia productos englobados en la maquinaria mecánica y eléctrica y bienes de equipo, en los que España exporta a todo el mundo pero en segmentos de mercado diferentes a los de productos chinos. En un avance de la tensión comercial, es muy probable que los aranceles afecten a la totalidad de los productos chinos y aquí sería posible recuperar la ventaja competitiva en productos de consumo, como la ropa de vestir, calzado, marroquinería, productos cerámicos, juguetes y muebles, en una tendencia que ya se viene observando en los últimos años con el aumento de los costes laborales en China. Por ejemplo, en baldosas de cerámica China es el segundo proveedor en EE.UU. y España es el cuarto, con Italia en primera posición.

En todo caso, ya somos víctimas del nuevo proteccionismo de EE.UU. en el caso de las aceitunas negras (el arancel se elevó hasta el 34,95% por procedimiento antidumping y antisubvención) desde el pasado mes de junio y no podemos descartar que existan nuevos ataques a productos españoles o de la Unión Europea, sobre todo a los incluidos en el sistema de ayudas comunitarias.

En China, las oportunidades son mucho mayores. Los aranceles a los productos estadounidenses inciden en los sectores agroalimentarios en los que España podría aumentar cuotas de importación de forma significativa.

La Oficina Económica y Comercial de España en Pekín sigue de cerca la aplicación de los aranceles del 25% a los productos estadounidenses en los que España ya tiene entrada en el mercado chino. Su primer análisis, basado en los aranceles en vigor desde el 6 de julio, concluye que las partidas arancelarias afectadas suman 538 millones de euros, un 8,61% de la exportación española a China en 2017 y podría aumentar  un 25%. Los aranceles de la segunda tanda que entraron en vigor el 23 de agosto afectan a 149 millones de euros también con un 25% y se concentran en la partida de policarbonatos en formas primarias en los que ya exportamos 60 millones de euros. Pero en este caso, las posibilidades de sustituir las importaciones americanas con producto español son más limitadas.

Dentro del sector agroalimentario las mayores oportunidades de crecimiento de nuestras ventas están en la carne de porcino, las naranjas y los productos forrajeros (harina y pellets de alfalfa).

En carne de porcino, China ya es un mercado importante para la exportación española, quinto proveedor con una cuota de importación del 4,54%. EE.UU.  es el segundo proveedor, después de Brasil y seguido de Alemania. Los problemas actuales de brotes de peste porcina en China pueden incluso acelerar este cambio. Los aranceles aplicados a las importaciones son el 12% para la carne congelada y el 20% para la carne fresca. Para EE.UU. son el 37% y el 45% tras las represalias chinas aplicadas el 6 de julio.

En cítricos, España es el primer exportador mundial y solo ocupamos la quinta posición en China porque las ventas comenzaron solo recientemente en 2014. EE.UU. es el principal proveedor de naranjas a China, con el 55% del mercado. Con el 25% adicional, el arancel total aplicado a EE.UU. se pone en el 36%  en un producto de alta sensibilidad al precio y España podría mejorar su tercera posición actual por detrás de Egipto, ambos con aranceles del 11%. La cuota de España en el primer trimestre de 2018 es el 17,62% y es un mercado con una alta tasa de crecimiento del consumo en China.

En los productos forrajeros las cifras de importación son menores, unos 11 millones de euros anuales, y España y EE.UU. compiten en los primeros puestos.

Una vez que China imponga aranceles a la totalidad  de los productos estadounidenses, aparecerán nuevas oportunidades.

En automóviles, el arancel llega al 40% a pesar de que China estaba dispuesta en el mes de mayo a la reducción desde el 25 al 15% a partir del 1 de julio en su esfuerzo inicial de evitar la guerra comercial. En realidad, solo se exportan unos 260.000 vehículos anualmente  y representan el 1% del mercado chino, sobre todo en modelos de marcas alemanas fabricadas en EE.UU. De nuevo, podríamos llegar a pensar que se abre un hueco en China para vehículos fabricados en España.

EE.UU. es también un proveedor importante en China para las bebidas alcohólicas, frutas de hueso, pescados y preparaciones alimenticias. En todos ellos, España mantiene también una ventaja competitiva en el mundo.

Pero tampoco hay que descartar productos como los farmacéuticos o los aeronáuticos en los que los nuevos aranceles también podrían desviar una parte de la importación hacia España en algunos productos.

En definitiva, se abren nuevas oportunidades en China en las que empresas españolas podrían salir ganando si se realiza el esfuerzo comercial necesario para competir con otros países del mundo que también se beneficien del mayor precio de los productos estadounidenses.

Contenido extraído del artículo publicado en la Revista Economistas 160 «Riesgos de la Economía Española» que pueden descargarse aquí